La Activación Conductual como tratamiento para la depresión

Activación conductual

En las últimas cuatro décadas, se ha hecho un progreso importante en el diagnóstico, en las teorías psicológicas y biológicas y, especialmente, en el desarrollo de nuevos tratamientos para depresión. Se han realizado nuevos descubrimientos y se han desarrollado tratamientos eficaces para la depresión.

La depresión es un trastorno del estado de ánimo. El concepto trastornos del estado de ánimo (TEA) se refiere a una diversidad de condiciones clínicas caracterizadas, fundamentalmente, por cambios del estado de ánimo y del afecto. El estado de ánimo es el estado emocional subjetivo de la persona y el afecto es lo objetivo o lo observable del estado de ánimo (Friedman y Thase, 1995).

La depresión es un proceso contextual de múltiples facetas caracterizado por un amplio número de síntomas que pueden, o no, estar presentes en cada paciente en particular. No todas las depresiones obedecen a las mismas causas. Por ello, en la actualidad hay un amplio número de teorías que intentan explicar la etiología (origen) de la depresión.

Desde una aproximación conductual, hace ahora cuarenta y tres años, Ferster (1973) publicaba un artículo clave para orientar la intervención conductual de la depresión. Fester explicaba el estado depresivo como consecuencia del descenso del reforzamiento positivo que se originaba por la falta de emisión de conductas adaptativas; es decir, de acciones que podían llevar a obtener una gratificación por el contacto con otras personas o directamente por las mismas actividades.

En resumen, la depresión se mantendría porque la persona evita fuentes potenciales y naturales de reforzamiento (que serían antidepresivas) debido a que el contacto con éstas es desafiante, amenazante, doloroso o incómodo en ese momento de su vida. Esta evitación lleva a un alivio inmediato, pero mantiene la depresión a la larga, tanto porque no se experimentan gratificaciones enjundiosas, cuanto porque los estresores vitales empeoran con el paso del tiempo. Por eso, la clave de la intervención radica en ayudar a las personas a reexperimentar el contacto con las fuentes de recompensa de su vida (por medio de la activación de determinadas acciones que harían recuperar el contacto con los reforzadores naturales y la extinción de las acciones que son evitaciones) y volver a vivir una vida orientada a sus valores.

Las técnicas que se emplean en la Activación Conductual (AC) son conocidas en la tradición de la modificación de conducta. Precisamente, una de las bondades de esta terapia radica en que se ha decantado por unos pocos métodos de contrastada eficacia y de sencilla aplicación.

Algunas recomendaciones para activar nuestra conducta podrían ser:

(1) Programar y estructurar actividades. Por ejemplo: determinar una hora para levantarnos/acostarnos, para jugar con la mascota si tenemos, programar un horario diario dedicado a realizar paseos, apuntarnos a alguna actividad que sea de nuestro interés, retomar tareas abandonadas, tomar algo con la familia/amigos, recuperar obligaciones domésticas…

La inclusión de estas actividades, y más, se recomienda realizarla de forma gradual, poco a poco. No te apresures, empieza por algo básico y ya irás incluyendo más tareas. Además, dado que no se puede esperar que el afrontamiento de las actividades señaladas produzcan rápidamente un alivio del estado depresivo sino todo lo contrario, es fundamental que se de un compromiso por mantener esta actitud a lo largo de periodos más o menos extensos.

(2)  Trata de no acostarte en la cama durante el día, dedicar la mayor parte del día a ver la televisión, descuidar la higiene personal etc.

(3) Busca qué es valioso para ti y refuérzate si cumples el objetivo que te has propuesto (tiene que ser un objetivo realista).

Los refuerzos varían de una persona a otra, cada uno tenemos que encontrar aquellos que nos gustan y nos hacen disfrutar. Si te gusta ir al cine, refuérzate yendo a ver una película; si te gusta ver parajes naturales, refuérzate yendo de excursión.

Un breve ejemplo en el que condensar las recomendaciones anteriormente expuestas sería el siguiente:

Para comenzar (y ajustándose a cada persona) puedes establecer el objetivo semanal de levantarte a las 10h, desayunar y asearte. Trata, al menos, de dar un paseo por la tarde y acostarte a las 11/12h. Si has cumplido el objetivo semanal, refuérzate por ello con aquello que te gusta/interese/motive.

La siguiente semana puedes incluir al objetivo anterior realizar un paseo matutino. Es decir, seguir con la rutina establecida la semana anterior de levantarte a las 10h, asearte y, además, dar un paseo por la mañana, otro por la tarde y acostarte a las 11/12h.

Y, así, puedes ir incluyendo aquellas actividades que consideras valiosas para ti, reforzándote por ello. Un autorefuerzo verbal (¡bien hecho!, ¡buen trabajo!) también es eficaz así como el cumplimiento de la rutina en sí misma también acaba siendo un buen reforzador.

Cada semana se pueden ir incorporando más actividades, las de las semanas anteriores siguen haciéndose y se integran como rutinas de forma que, progresivamente, hay un conjunto mayor de actividades que proporcionan reforzamiento natural.

Como las primeras actividades (más sencillas) están ya proporcionando reforzamiento, pue­den añadirse otras cuyas consecuencias grati­ficantes tardarán en llegar pero que a la larga también serán fuente de reforzamiento.

Es posible que no se obtengan los beneficios es­perables a pesar de haber llevado a cabo las activi­dades durante un tiempo suficiente, haber extin­guido las conductas de evitación (levantarte tarde, pasar muchas horas en cama, dedicar gran parte del día a la televisión, descuidar la higiene personal etc) y haber incluido conductas que realmente se corresponden con tus valores, quizás la falta de resultados es fruto de la interfe­rencia de pensamientos repetitivos y auto-crí­ticos. Entonces puede plantearse que las actividades están haciéndose “solo con el cuerpo, pero no con la mente”; es decir, sin po­ner atención y cuestionando internamente el sentido de hacerlo y su utilidad, o comparán­dolo con veces del pasado, o con la diligencia de otras personas, etc. Si este es el caso, las actividades se plantearían desde un nuevo enfoque, el de “con­tactar con la experiencia”.

Mantén el optimismo y la persistencia. No pierdas esa pers­pectiva, a pesar de que por momentos haya vueltas atrás. Si persistes, lo lograrás.

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