Comprendiendo el estrés

Las situaciones extremas de la vida nos muestran, como si fuera a través de una lente de aumento, el comportamiento de nuestro cerebro frente a escenarios en donde se pone en juego nuestra supervivencia física o nuestra integridad psicológica.

Desde el momento en que somos expuestos a una situación extrema se activa un sistema muy básico modelado durante cientos de miles de años, para hacer frente a lo que está ocurriendo. Es la llamada “respuesta de estrés”. Cuando el cerebro detecta una amenaza, se activa una respuesta fisiológica coordinada por el cual el organismo necesita un mayor flujo de oxígeno para sus músculos, de manera que se acelera la respiración para proveer más oxígeno, y la frecuencia cardíaca para entregar rápidamente ese oxígeno.

El sistema cognitivo humano, a su vez, ofrece una variante aún más sofisticada: la capacidad de figurar y anticipar las amenazas del futuro, e incluso imaginar eventualidades que nunca han ocurrido, y que acaso nunca ocurran.  El primer paso de este proceso es la “evaluación primaria”, que es el establecimiento del valor de un estímulo como peligroso o inocuo. La “evaluación secundaria”, por su parte, busca establecer la disponibilidad de recursos del organismo para afrontar la amenaza.

Ahora bien, cuando la amenaza se disipa, se ponen en marcha otros mecanismos para volver a la situación inicial de reposo: la desactivación de la respuesta de estrés. Si, por el contrario, la respuesta de estrés permanece sostenidamente encendida, tiene lugar el llamado “estrés crónico”. En esta circunstancia, los componentes de la respuesta que suponían una ventaja adaptativa y una reacción de defensa y autoprotección del organismo, dejan de serlo y se vuelven en su contra. Provocando efectos adversos a largo plazo como el deterioro cognitivo o del sistema inmune. Cuando el estrés excede los niveles normales puede generar “falsas alarmas” que sobre activan la respuesta de estrés y provocan estados de preocupación intensos y síntomas físicos diversos.

La “resiliencia” es el conjunto de factores y mecanismos que nos permiten superar adaptativamente las situaciones de adversidad. En este sentido, dos mecanismos altamente eficientes para atenuar de forma progresiva la respuesta de estrés son la “habituación” y la “extinción”. El primero es la propiedad general de nuestras células nerviosas que consiste en la acomodación al entorno, como podría ser por ejemplo entrar a una habitación con un olor muy fuerte y al rato ni si quiera darnos cuenta de que aún persiste ese olor. Esto es debido a que cuando nos exponemos de forma repetida a un estímulo podemos conseguir que la respuesta intensa inicial disminuya hasta volverse tolerable. Este es el principio que rige los tratamientos por exposición, altamente eficaces en la ansiedad.

El proceso de “extinción” sucede cuando nos exponemos a un estímulo temido y comprobamos una y otra vez que las consecuencias negativas que esperábamos no ocurren tal cómo anticipamos, y se atenúa la respuesta de estrés. Otro de los procesos de regulación de las emociones, de naturaleza cognitiva, es la “re-evaluación”, que consiste en modificar el significado funcional atribuido a la situación que activa el estrés. Es “cambiar la manera en que sentimos al cambiar la manera en que pensamos”.

MANES, F. (2015) ¿Cómo enfrentarse a la adversidad? El País versión Online. Recuperado de:     http://elpais.com/elpais/2015/11/09/ciencia/1447060897_812838.html

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