Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 1.200 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 20 viajes para llevar tantas personas.

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DEPORTE DE ALTO RENDIMIENTO Y DEPRESIÓN

La depresión no respeta nivel social, nacionalidad o profesión. Cualquiera puede estar expuesto a este padecimiento. Una de cada cinco personas sufre depresión alguna vez en su vida y los deportistas no son la excepción. En general, están sometidos a grandes niveles de estrés porque las expectativas que se tiene de ellos superan, con frecuencia, sus capacidades psicológicas. Ellos mismos se plantean metas que, si no las cumplen, provocan un estado de depresión que pocas veces expresan para no mostrar debilidad. Otra de las razones puede ser la soledad derivada de los compromisos deportivos, que les mantiene alejados de sus familias.

La frustración es un factor muy importante ya que, si no se gestiona de manera adecuada, provoca altos niveles de estrés. Por este motivo, es necesario que desde los primeros años de la vida del deportista se traten estas cuestiones con naturalidad y se enseñe a convertir el error en oportunidad. 

El bloqueo, un síntoma

Uno de los principales síntomas de estos problemas es el bloqueo, que provoca que el rendimiento en la competición se reduzca de forma considerable. Es muy importante diferenciar entre dos conceptos: el bloqueo emocional y el bajo rendimiento en competición. 

El bajo rendimiento en competición se asocia a deportistas que aún no han aprendido a competir, sobre todo, por la incapacidad de mantener la concentración durante las pruebas y por el exceso de estrés con el que se vive esta situación. El estrés es un aspecto negativo, ya que no permite tener precisión en los movimientos, concentrarse para una correcta toma de decisiones ni lograr el grado de activación óptimo para competir. El entorno que les rodea, como la familia, los medios de comunicación y, en ocasiones, el propio entrenador, aumentan el grado de estrés, que no ayuda a competir en condiciones óptimas.

El bloqueo emocional es más complicado. Surge cuando una emoción fuerte y negativa, como miedo, rabia o falta de seguridad, ha quedado conectada a una situación. Entonces, cada vez que el deportista está en una circunstancia similar, siente de nuevo la emoción pasada y eso imposibilita una actuación deportiva óptima.

Aprender con la derrota

La frustración es un estado emocional que puede influir de manera negativa en el deportista, sobre todo, porque también puede provocar un gran estado de estrés. Se desarrolla en algunas personas cuando no se cumple su voluntad, es decir, cuando no pueden alcanzar deseos u objetivos que tenían. Ante el desengaño, la persona no tiene claro si es un obstáculo en su camino o una pérdida irreparable. Por este motivo, suele manifestarse con rasgos mezclados de emociones más básicas, como son la ira (enfado ante un obstáculo) y la tristeza (decepción por la pérdida).

La frustración en el deporte es un estado habitual. El hecho de competir supone de forma implícita la posibilidad de ganar y perder. Pero para muchos, perder es sinónimo de fracaso, al no lograr el objetivo por el cual tanto se trabaja durante los entrenamientos. 

No obstante, esta decepción debe formar parte del desarrollo de todo individuo. Lo esencial no es sobrellevarla, sino experimentarla cuando se desarrolle, como emoción que es, y a continuación, superarla. En los practicantes jóvenes, la incapacidad de superar contrariedades debido a un bajo nivel de tolerancia provoca malestar y poco disfrute de la experiencia deportiva. A largo plazo, es causa de abandono de la actividad.

Ayudar al pequeño deportista

La clave para superar la frustración en la actividad deportiva está en el desarrollo de la inteligencia emocional (IE) desde la infancia; entendemos la IE como la habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones y las de los demás. El deporte es un medio idóneo para integrar estos aprendizajes, que también pueden englobarse en el campo laboral, social e, incluso, personal. Es primordial que uno sea capaz de entender los errores como oportunidades de enseñanza. 

El papel de los progenitores es transmitir a los hijos que no siempre es posible cumplir los deseos y objetivos, y que ello no es un trauma, sino una situación normal de la que se puede aprender para mejorar y conseguir más satisfacción. La responsabilidad de los padres debería estar en ayudar a sus hijos a desarrollar la tolerancia a la frustración.

Extraído de:

http://www.consumer.es/web/es/salud/psicologia/2011/05/02/200336.php